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Lección sobre Bulgaria con la Escuela Dominical “Zar Simeón el Grande” en Grecia

Una historia sobre la importancia de un encuentro emocional personal con Bulgaria para la preservación de la lengua y la identidad búlgaras

miércoles, 10 junio 2026, 08:05

Lección sobre Bulgaria con la Escuela Dominical “Zar Simeón el Grande” en Grecia

FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

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A tan solo un paso de Bulgaria, pero separados de su patria por toda una cultura y un idioma: esa es la realidad de cientos de búlgaros en el norte de Grecia.Muchos de ellos llevan años asentados en nuestro vecino del sur, han formado allí sus familias, han tenido a sus hijos y, poco a poco, han ido perdiendo el vínculo con su lugar de origen, que sus descendientes a menudo ni siquiera conocen.

Para apoyar a estos compatriotas y con la esperanza de que este proceso no sea irreversible, han surgido escuelas dominicales búlgaras. En el norte de Grecia existen dos: la Escuela Búlgara Dominical “San Iván de Rila”, con seis sedes, y la escuela “Zar Simeón el Grande”, con sedes en la localidad de Dikea y en la ciudad de Orestiada.

Dikea se encuentra a tan solo 14 kilómetros de la frontera con Bulgaria, cerca de Svilengrad, mientras que la ciudad más grande, Orestiada, está a unos 50 kilómetros. Sin embargo, “a menudo sentimos nuestra patria como algo lejano. No por la distancia, sino por la frontera, así como por las diferencias culturales, las costumbres y el entorno lingüístico en el que crecen nuestros alumnos”, explica a Radio Bulgaria Diana Kimparis, fundadora y directora de la escuela dominical búlgara “Zar Simeón el Grande”.

Ella misma sabe lo importante que es sentirse cerca de la patria. Tras vivir 11 años en Bélgica, en 2016 Diana se trasladó con su familia a Grecia, donde comenzó una nueva etapa de su vida sin perder de vista sus raíces. “Aquí siento que estoy más cerca de Bulgaria. Esa frontera física se ha reducido y eso me da tranquilidad, porque sé que en muy poco tiempo puedo volver a casa”, afirma nuestra compatriota, quien reconoce que cruza la frontera todos los meses.En el plano emocional, desde hace nueve años ella y su equipo trabajan cada semana con niños de entre 5 y 18 años, dedicando tres horas semanales a enseñarles no solo la lengua y la historia búlgaras, sino también el amor por su identidad y sus raíces.


 

Diana Kimparis

FOTO Facebook/ Diana Kymparis

“Nuestro objetivo es sencillo y, al mismo tiempo, muy responsable: acortar la distancia entre los niños y Bulgaria y, de este modo, ayudarles a desarrollar un sentido de pertenencia a sus raíces”, afirma la directora del colegio.

Durante el curso escolar 2025/26, 53 alumnos estudiaron en la Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”, y para la mayoría de ellos el búlgaro ya no es su lengua materna, explica la señora Kimparis, quien reconoce que este es el verdadero reto del trabajo de profesores como ella en el extranjero, así como su mayor responsabilidad. Hoy más que nunca, los pequeños búlgaros de todo el mundo necesitan conocer y amar Bulgaria no solo a través de imágenes y relatos de los libros de texto, sino en persona. Necesitan comprender que este país, del que aprenden y oyen hablar a través de sus padres, es real y les pertenece. Necesitan sentir su aroma, ver sus colores, recorrer sus calles y sumergirse en su vida cotidiana, opina Diana Kimparis.

Por eso decidió solicitar la participación en los programas nacionales del Ministerio de Educación y Ciencia para poder mostrar a sus alumnos la verdadera Bulgaria.

FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

En 2022 y 2023, gracias a la financiación del programa nacional “Lengua y Cultura Nativas en el Extranjero”, módulo “Asociaciones”, dos grupos de la escuela “Zar Simeón el Grande” visitaron las ciudades de Plovdiv, Haskovo, Sopot, Karlovo y Kalofer. En 2024 y 2025, ya como parte del programa nacional “Bulgaria – Rutas Educativas”, conocieron Veliko Tarnovo y Sofía. La responsable de los grupos que visitaron Plovdiv y Veliko Tarnovo fue Stefka Strakos, profesora de lengua búlgara en la escuela dominical, para quien estos viajes han dejado una huella muy importante en su labor docente.

FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

Un momento inolvidable fue cuando bailamos un horo búlgaro en las plazas centrales de Sopot y Kalofer, llenos de sonrisas, ritmo y un fuerte espíritu comunitario. Los niños quedaron impresionados por la grandeza de los reyes búlgaros, las historias heroicas y la oportunidad de visitar lugares históricos auténticos.

Me atrevo a decir que el denominador común de ambos viajes es que demostraron la importancia de que los niños que crecen fuera de Bulgaria tengan un contacto directo con su tierra natal, no solo a través de los libros de texto, sino también mediante la experiencia vivida. Regresaron inspirados, con nuevas amistades, con horizontes más amplios y con una motivación aún mayor para aprender búlgaro.

FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

“Para algunos de los niños, estos fueron sus primeros pasos en suelo búlgaro”, nos cuenta Diana Kimparis. “Jamás olvidaré su emoción al oír hablar búlgaro a su alrededor y al darse cuenta de que Bulgaria no era solo un cuento, sino un lugar real que podían sentir. El año pasado visitamos Sofía y el Museo Nacional de Historia, lo que les dio la oportunidad de sumergirse en el rico pasado de Bulgaria”.

Sra. Diana Kimparis con María, Dimitar, Nikoleta, Alexandra y Vasilis

FOTO Escuela Búlgara Dominical "Zar Simeón el Grande"

Los niños de la escuela dominical búlgara “Zar Simeón el Grande” compartieron parte de sus experiencias en fotografías y en un vídeo, con los que participaron en la iniciativa de Radio Bulgaria “Lección sobre Bulgaria.

“¡No podíamos creer que estos objetos fueran tan antiguos! Es fascinante ver cómo vivía la gente hace tantos años”, dice Alexandros Theodosiou, alumno de octavo grado.

Nicoleta Tsoutouridou, de doce años, recuerda con especial cariño la catedral de San Alejandro Nevski:

"Nunca había visto tanta belleza en ningún otro lugar. Todo es tan tranquilo y hermoso.

Nicoletta Tsoutouridou

FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

También visitamos el zoológico de Sofía, que resultó ser una verdadera aventura para los niños. Nunca habían estado en un zoológico tan grande y quedaron encantados al ver leones, monos y reptiles. Las jirafas, los elefantes y los rinocerontes fueron los que más les impresionaron. Nunca habían visto animales de ese tamaño. Pero quizás lo más emocionante para ellos fue la experiencia de escuchar búlgaro a su alrededor y sentirse parte de algo más grande. Después de la visita, Bulgaria se convirtió en un lugar real, vinculado a emociones y recuerdos personales. Especialmente para quienes han nacido fuera de Bulgaria, como la mayoría de nuestros estudiantes. “Este fue el momento en que Bulgaria dejó de ser algo lejano y comenzó a sentirse como su patria”, afirma Diana Kimparis.Estas palabras también son confirmadas por Maria Tsoutouridou, alumna de séptimo grado.


FOTO Escuela Búlgara Dominical “Zar Simeón el Grande”

Este viaje fue mucho más que una excursión: fue una lección práctica de patriotismo, historia y cultura. Nos sentimos orgullosos de ser búlgaros y agradecidos por haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia. Agradecemos sinceramente al Ministerio de Educación y Ciencia y a los organizadores. Regresamos a casa enriquecidos, inspirados y aún más conectados con Bulgaria. Este viaje permanecerá en nuestros corazones como un recuerdo inolvidable, lleno de sonrisas, descubrimientos y nuevas amistades.

Consulta los demás materiales de nuestra iniciativa "Lección sobre Bulgaria":


Autora Vesela Krasteva

Traducido por Zoraida de Radev